Tardes de cuidados y pequeñas conversaciones
Seca calcetines, airea el saco, hidrata botas y escribe dos líneas en el libro del refugio. Entre tareas tranquilas, conversa con quien regresa del collado cercano; sus consejos sobre nieve blanda, fuentes generosas o desvíos floridos valen más que cualquier reseña apurada en el teléfono.